
-¿Se lo sirvo en una taza o un vaso plástico?- pregunta mecánicamente el mesero y sacude su insignia sin soltar su pluma o levantar la mirada.
-Arrójemelo al rostro si eso le hace sentir mejor.
-¿Disculpe?.
-No hay cuidado, sólo buscó un poco de atención.
-¿Expreso?.
-Da lo mismo.
Café con sabor a muerte y este orgullo miserable que me obliga a no callar.
-Añadele un poco de leche, ¡por favor!-Le digo, ¡por piedad! , quise decir- Y el inmutablemente cambia de tema.
-Un café nunca esta frío ni caliente, si no a la temperatura exacta, ¿no lo cree así?
Tazerk, muestra de lo trivial la mejor de las interpretaciones, pero le perdí el rastro.
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